Editorial

El Calentamiento Global: crónica de un genocidio anunciado

Estamos comprometidos con la lucha contra el cambio climático y queremos una Santa Marta amigable con el medio ambiente… Virna Johnson. Alcaldesa de Santa Marta Día Sin Carro 28 de enero / 2020

Por: Carlos Payares González

En buena hora la burgomaestre de Santa Marta se ha comprometido con la cruzada mundial de reconocer y enfrentar al llamado calentamiento global. Sobre este fenómeno nos cabe responsabilidad a todos aunque de manera diferencial tanto en las causas como en las consecuencias. Eso de que algunos sigan creyendo que el calentamiento global es un proceso lento, que a la larga solo producirá un aumento en los niveles del mar y no una crisis envolvente que no dejará lugar y vida sin alterar, como si naturaleza no tuviese nada que ver con las posibilidades de supervivencia de la especie y de todas las demás. Mucho peor es la opinión de aquellos que creen que no está ocurriendo y que los cambios que son observables hacen parte de los ciclos naturales del planeta. Lo cierto es que no habrá riqueza ni trucos de ingeniería que sirvan de escudo contra la devastación que produce el calentamiento global.

Sabemos que la Tierra ha experimento cinco extinciones masivas antes de la que estamos viviendo hoy: Un 86% de las especies murieron hace 450 millones de años, 70 millones de años después un 75%, 125 millones más tarde un 96%, en los otros 50 millones de años el 80%, y 135 millones de años después, de nuevo, un 75%. En realidad, en todas ellas, salvo la que acabó con los dinosaurios que fue fruto del choque de asteroides, intervino el cambio climático producido por el efecto invernadero. Actualmente estamos emitiendo co2 a la atmosfera terrestre a una velocidad al menos diez veces mayor que todo periodo anterior de la historia humana. De hecho más de la mitad del co2 expulsado a la atmosfera, debido a la quema de combustibles fósiles por parte de la producción industrial, ha ocurrido en las últimas tres décadas. Las naciones Unidas estableció en 1992 las causas y signos del cambio climático, lo que indica que lo hemos venido produciendo a pesar de estar advertidos por diversas instituciones, eventos y grupos de científicos que han dedicado muchos años al estudio de esta calamidad global. El planeta pasó de una aparente estabilidad a estar al filo del desastre. Esa es la senda por la que parece que la humanidad se ha lanzado de manera despreocupada hacia los más de 4 grados de calentamiento para el año 2100.

Según estimaciones científicas esto significaría que muchas áreas o regiones de África, Australia, Estados Unidos y parte de América Latina al norte de la Patagonia, y de Asia hacia el sur de Siberia, se volverían inhabitables debido al calor directo, la desertificación y las inundaciones. El cambio climático no es ningún tipo de alegoría como muchas veces suponemos. Según estimaciones del Banco Mundial, este fenómeno produciría en el 2050 alrededor de 150 millones de refugiados procedentes del África subsahariana, Latinoamérica y el resto del sudeste asiático. Esto es más de cien veces la actual crisis siria en Europa. En este caso mil millones de personas pobres o vulnerables no tendrán más alternativa que luchar para sobrevivir. En 1997, cuando se firmó el Protocolo de Kioto, 2 grados centígrados de calentamiento global se consideraban el umbral para la catástrofe. Suficiente para ver ciudades inundadas, olas de sequias y un desbastador calor. Un planeta sacudido por huracanes y monzones, que antes considerábamos como desastres naturales, pero que ahora es posible demostrar que están relacionados con un fenómeno auténticamente antrópico.

El Protocolo de Kioto, a pesar de algunos avances en energías verdes, no logró conseguir gran cosa: en los veinte años posteriores a su aprobación hemos generado más emisiones que en los veinte años anteriores. En el 2016 los acuerdos de Paris establecieron dos grados de aumento como objetivo global lo que de porvsí es aterrador. Lo que observamos es que los países industrializados comprometidos no han venido cumpliendo sus compromisos y, por el contrario, algunos predican abandonarlo, como es el caso de los Estados Unidos bajo el gobierno del presidente Trump. Hoy optamos por no hablar del aumento global de la temperatura tal vez por pudor o por congraciarnos con las élites globales y sus instituciones o por una obediencia temerosa a ellas. Tal vez por nuestra disposición sociopática de optimista funcional para incorporar las malas noticias como si fuesen fenómenos naturales o normales; o porque al echar un vistazo al exterior pareciera que todo sigue igual o que nada está cambiando, excepto, para aquellos que viven en otros lugares bien apartados del nuestro. En todo caso nos resistimos a afrontar lo que la ciencia nos está indicando.

El Grupo Intergubernamental de expertos sobre El Cambio Climático de las Naciones Unidas viene ofreciendo los análisis sobre el estado del planeta y la trayectoria más posible del cambio climático. Manifiesta el Grupo que de seguir las cosas como van es probable que superemos los tres grados de calentamiento (tres veces más que todo lo que ha experimentado el planeta desde el inicio de la industrialización) lo cual provocaría un colapso de las plataformas de hielo que hoy existen. Esto provocaría inundación en Miami y Dhaka. También en Shangai, Hong Kong y otras cien ciudades del mundo. Todo esto podría ocurrir a finales del presente Siglo. Los autores de un artículo reciente (Will Steffen et al. 2018) consideran que el calentamiento podría ser mucho peor aunque empezáramos a reducir las emisiones de co2: podríamos llegar entre cuatro o cinco grados centígrados creando un escenario que conllevaría graves riesgos para la habitabilidad del planeta.

Para entender la magnitud del problema se sabe que con el aumento de 2 grados de calentamiento global las plataformas de hielo empezaran a colapsar, 400 millones de personas más empezaran a padecer escasez de agua, grandes ciudades de la franja ecuatorial se volverán inhabitables y las olas de calor matarían a miles de individuos por las olas de calor. En la India habría 32 veces más olas de calor extremo, cada una de ellas duraría cinco veces más y afectaría 93 veces a más personas. Con tres grados la Europa meridional sufriría una sequía permanente, mientras que en Centroamérica las sequias durarían en promedio 19 meses más, y 21 meses más en todo el Caribe. En el norte de África esa cifra sería 60 meses más; los incendios se multiplicarían por 6 en zonas del Mediterráneo y los Estados Unidos. Con cuatro grados de calentamiento solo en América Latina habría más de 8 millones de casos anuales de dengue y una crisis alimentaria global. Las muertes relacionadas con el calor aumentarían un 9% y los daños en todo el planeta podrían superar más de 600 billones de dólares, más del doble de la riqueza existente en la actualidad en todo el mundo. Los conflictos y guerras entre naciones con seguridad se acentuarían. De acuerdo a la trayectoria que llevamos, según las Naciones Unidas, en el 2100 podríamos alcanzar 4.5 grados de calentamiento global… una cifra aterradora por los efectos sobre todo en el planeta.

Aún en las peores condiciones no parece que el calentamiento global haga absolutamente inhabitable el planeta. Pero si no hacemos nada por disminuir las emisiones de co2 a finales de este Siglo regiones enteras pasaran a ser inhabitables según todos los estudios que conocemos en la actualidad. Estaremos hablando entonces de “medio planeta” en condiciones de vida con grandes dificultades para la especie humana y para aquellas otras que logren sobrevivir. Habrá al menos una lucha por las tierras salvajes en la era de la sexta extinción. Pero la verdad es mucho más aterradora: no volverá a haber normalidad. Las condiciones medioambientales que nos permitieron aparecer y evolucionar habrán desaparecido. De lo que se trataría, entonces, es de poner a prueba nuestra capacidad de resistencia. Incluso, si se diera un milagro en donde los humanos dejáramos de emitir más co2 a nuestra atmosfera, aún nos esperaría un aumento del calentamiento global debido a lo que ya hemos liberado. Pero como aún seguimos liberando co2 estamos cada vez más lejos de eliminar los efectos del cambio climático.

Nos encontramos como si hubiésemos dado un paso hacía un abismo insondable. El calentamiento global no tiene un solo culpable, ha sido y es como una especie de conspiración en la cual todos somos responsables en menor o mayor grado, por acción o por omisión. El cambio climático no es algo que ocurre en tal o cual parte del mundo, sino en todas las partes al mismo tiempo. La actitud de conquistar o dominar a la naturaleza, la ha terminado convirtiendo en una verdadera “máquina de guerra” en nuestra contra. De hecho, en las próximas décadas muchos de los horrores climáticos afectarán a quienes están en peores condiciones para superarlos o reaccionar ante ellos. Es una especie de “injusticia climática” que acentúa la conocida injusticia social y económica reinante en el planeta.

La brecha se profundizará aún más a escala global dedo que los países más pobres sufrirían mucho más en nuestro nuevo entorno ambiental. De hecho aquellos que tienen menos PIB serán los que más se calienten (excepto Australia). Y esto a pesar que no son los que más contaminan al planeta como ocurre con el caso de la China y los Estados Unidos. Y esto es una de las ironías del calentamiento global que bien podríamos llamar como una crueldad histórica y ambiental que recaerá sobre los más humildes en el planeta. Así mismo se hablará de nuevas enfermedades con nuevos agentes causantes. Otras, avanzarán a nuevas latitudes hasta convertirse en autenticas epidemias. Según World Wildlife Fund, solo en los últimos 40 años han muerto más de la mitad de los animales vertebrados, tan solo en los últimos 25 años la población de insectos voladores ha disminuido en tres cuartas partes, afectando notoriamente los procesos de polinización.

Al fin y al cabo el calentamiento global es básicamente una creación humana. Saber que somos nosotros los responsables nos debe servir para que toda la humanidad se estimule para actuar en protección de la vida y del planeta mismo. Es importante entender que somos la única especie que tiene riendas en la terrible situación que atravesamos. Por muy fuera de control que parezca el calentamiento global, es posible intervenir de una manera planificada y con conciencia de preservación de un medio ambiente que nos permitió surgir como lo que somos: el Homo sapiens.

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