Editorial

La Gelatinosa Moral Que Se Nos Quiere Vender

Ante la ausencia de estructuras políticas representativas, los clanes familiares del Departamento del Magdalena han recurrido a obsecuentes cariguetas pertenecientes a ciertos medios de comunicación social para tratar de escamotear el triunfo de Carlos Caicedo y Virna Johnson a la Gobernación y Alcaldía distrital de Santa Marta respectivamente.

Quienes fueron auspiciados con jugosas contrataciones por el actual Gobierno Departamental (publicadas en varios medios de comunicación) hoy configuran un club de amigos que devela de entrada su tenaz hipocresía: “La Alianza de Medios por la Moralidad Pública del Magdalena” (presentada desde Bogotá por los periodistas Víctor Rodríguez y Lina Peña). Una moralidad que ve por un solo ojo. El ojo distorsionador de quienes fueron derrotados apabullantemente por el Movimiento Fuerza Ciudadana en las pasadas elecciones territoriales.

Una moralidad que pretende ser representante de una población que no los ha autorizado para hablar a nombre de los magdalenenses y que deliberadamente oculta las tropelías y presuntos delitos que han sido cometidos por parte de las dos últimas administraciones departamentales y que, por cierto, están desde hace muchos años pendientes en ser fallados por los órganos de control como es el caso de la Vía de la Prosperidad y de los dineros del P.A.E. departamental.

El tema permite observar el nivel de descomposición al que algunos medios y periodistas han llegado en el Departamento del Magdalena. Quienes deben informar de manera objetiva y crítica se convierten en punta de lanza política ante el desprestigio de sus jefes financiadores para controvertir e intentar torcerle el pescuezo a la nítida decisión del Soberano popular.

El resultado será el que tiene que ser: es inaceptable la presión indebida a los órganos de control y, por otra parte, el merecido desprestigio de quienes utilizan una profesión noble y respetable para hacer abiertamente política partidista, o mejor, colocarse al servicio de los clanes políticos del Magdalena.

En realidad, esto fue lo que hicieron durante la campaña pasada. En vez de informar para que el elector actuara libremente, lo que hicieron fue provocar o acentuar el rechazo de la población. Qué bueno sería conocer la rendición de cuentas de estos medios y periodistas a quienes los financiaron para desvirtuar las propuestas y las figuras de Caicedo y Jonhson, con resultados lógicamente fatales. Se convirtieron, sin querer queriendo, en un factor adicional en la derrota del candidato Luis Miguel “el Mello” Cotes.

Lo que todos debemos rescatar es la más auténtica ética periodística, la que es enseñada en las universidades, la que entiende la alta responsabilidad del periodista ante la ciudadanía, la que reconoce que la manipulación mediática destruye la cabal información del ciudadano y una de las dimensiones más sustantivas de la democracia: la de estar bien informado.

El show visto por los ciudadanos en algunos medios digitales, en la oratoria de dos periodistas, está pletórico de frases irrelevantes, banales y discriminatorias. Califican de manera desmedida lo que no es de su competencia en una sociedad que se rige por un Estado Social de Derecho. Lo que buscan principalmente es generar una presión indebida a los órganos de control y emociones para manipular la conciencia de los desinformados individuos.

Todas estas estrategias buscan perpetuar la tradición del gobierno de las élites y el deleite sosegado que les produce el servilismo al servicio del poder económico y político.

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