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Pinedo deje la rabia

Por Álvaro Cotes Córdoba

Ayer se le salió el uribismo y el coscorrón que lleva dentro al candidato Carlos Pinedo, quien como toda “gente de bien” de este país, se hartan en decir que otros generan odio, pero son ellos los que lo hacen, cuando explotan de la ira con palabras y señalamientos a sus contrincantes políticos, cuando les llega la oportunidad así sea en un evento para evitar esas reacciones de agresión verbal antes de las elecciones.

El aspirante de Vargas Lleras y el uribismo a la Alcaldía de Santa Marta, se fue lanza en ristre en contra del partido Fuerza Ciudadana y uno de los representantes de ese partido, quien ni siquiera es candidato, tratándolo con improperios y en tono grosero, solo porque el delegado de FC dejó constancia ante los asistentes del evento, de las situaciones anómalas que su partido político había sufrido, para evitar que inscribieran un nuevo candidato.

Este tipo de acciones no solo deshonran la campaña política, sino que son una muestra más de la polarización que existe en el país entre los diferentes partidos y sus seguidores. No se puede permitir que los debates políticos se conviertan en insultos y descalificaciones, ya que esto solo genera una ciudadanía más fragmentada y desconfiada del sistema político.

Es importante que los candidatos a cualquier cargo público sean ejemplo de tolerancia y respeto hacia los demás, y que se dediquen a proponer soluciones a los problemas que aquejan a la sociedad. La función de un gobernante es velar por el bienestar de su comunidad, y no atacar a los demás por intereses políticos.

En este sentido, es necesario que las autoridades electorales promuevan el diálogo y la discusión constructiva en cualquier tipo de evento político, con el fin de evitar episodios lamentables como el ocurrido en Santa Marta. La democracia necesita que se respeten las diferentes posturas y que se fomente el debate público y el intercambio de ideas.

Carlos Pinedo y cualquier otro candidato deben dejar de lado la agresión verbal y demostrar su capacidad de liderazgo y trabajo en equipo, para que los ciudadanos puedan confiar en ellos y elegirlos como sus representantes. Los insultos y las groserías solo generan más división y polarización, y este no es el camino para construir una Colombia en paz y prosperidad.

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