ColombiaColumnas de opinión

Cuando la corrupción aún no era tan descarada

Voy a contarles una anécdota que me ocurrió, cuando estudiaba el sexto grado de bachillerato en el glorioso colegio Liceo Celedón de Santa Marta, en el año 1979.

Nunca la había hecho pública, porque no me había acordado de ella antes, pero hoy me llegó a la memoria al ver a un vecino apagar de noche la nevera de su casa, para ahorrar energía.

Era el mes de julio. En el entonces operaba en la ciudad Electromag, la empresa que comercializaba la electricidad. Esa entidad solicitó un grupo de estudiantes para adelantar unas encuestas y nuestro curso fue uno de los escogidos.

A cada uno de nosotros nos dieron unos cuestionarios, para que fuéramos de casa en casa y por unos barrios determinados, a llenarlos con las respuestas de los usuarios. En los cuestionarios había solo dos preguntas: ¿Cuántos aparatos eléctricos y habitantes tenía cada casa?

Durante el desarrollo de la actividad, a mí me tocó encuestar, coincidencialmente, las tiendas existentes por ese entonces en los tres barrios donde la hicimos el primer día.

Lo extraño para mí fue que, en cada visita que hice, los tenderos me atendieron muy amablemente e incluso me regalaron bolsas de chitos, papas fritas, gaseosas, jugos e incluso algunos me pusieron dinero en el bolsillo de la camisa.

Cuando me volví a reunir con mis otros compañeros del curso, les conté lo que había recibido de los tenderos y me dijeron que en cambio a ellos, a los cuales les había tocado encuestar el resto de las viviendas, solo habían recibido agua.

Nos pusimos a analizar por qué a mí me habían dado tantas cosas y al resto de compañeros no y concluimos entonces que el motivo había sido, porque en las tiendas funcionaban más aparatos eléctricos, como neveras y enfriadores, y por eso sus dueños habían sido tan amables conmigo, para que no les colocara en las encuestas más de uno de esos aparatos eléctricos que les encontré. Y aunque nunca me lo pidieron con palabras, me lo dejaron a mi libre decisión. Confieso que, 43 años después, se salieron con las suyas…

Por Álvaro Cotes Córdoba

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