Magdalena

Tristeza, desolación y abandono en travesía por los municipios del sur

Primera entrega

Por: Álvaro Cotes Córdoba

Volver a recorrer los municipios del sur del Magdalena después de 29 años me hizo sentir lo mismo que experimenté cuando los visité entre 1990 y 1991, como corresponsal de El Heraldo. Fue una sensación melancólica, de desilusión y rabia a la vez. Y aunque hubo momentos en que me alegró ver algunos cambios en solo dos de los seis municipios visitados, en el resto se ve como si nadie, ningún gobernante y ni siquiera el tiempo, los hubiera tocado.

Están casi iguales. No hay casi agua para el consumo de sus habitantes, pese a vivir cerca de un caudaloso río, el gran afluente del Magdalena; la electricidad es intermitente, las calles siguen sin ser pavimentadas, a suelo pelao; sus accesos son iguales de polvorientos y en los barrios se encuentran intactas las casas de bahareques con que se fundaron esos municipios.

EL ÚLTIMO FUE EL PRIMERO

La travesía por esos municipios del sur empezó desde El Banco, el último municipio del Magdalena en el mapa, aunque en desarrollo debería ser el segundo después de Santa Marta. Sin embargo, El Banco tampoco se ha escapado de la desidia y olvido de sus gobernantes locales y departamentales. A pesar de tener sus calles y entradas pavimentadas y una población que supera los 50 mil habitantes, 55.012 para ser más exactos, la ciudad sigue creciendo de forma descuidada y sin ni siquiera un orden. Además, en ella no se inaugura una obra útil e importante desde hace más de 8 años, pese a que el municipio ha recibido una millonada de plata por regalías los últimos 8 años.

Empecemos a leer primero lo que no me agradó ver en el municipio cuna de la cumbia del Magdalena y Colombia: Su legendario puerto. Este importante y emblemático lugar de El Banco, está abandonado. No le meten un sólo peso desde no se sabe cuánto tiempo, algunos me dijeron que desde hace más de 30 años. Además, debido a que en el municipio no ha habido alcalde o gobernador que solucione el grave problema que tiene la ciudad en el tratamiento de las aguas residuales, allí confluyen las aguas negras, generándole un desagradable ambiente y paisaje al inmortal y viejo puerto fluvial.

A propósito de ese grave problema que tiene el municipio con el alcantarillado, nuestra visita coincidió con una protesta por parte de un grupo grande de moradores de un sector en las afueras del casco urbano, sobre la carretera que comunica con el vecino municipio de Guamal. Los moradores nos dijeron que llevaban 4 años soportando los malos olores que emanan de una planta de tratamiento de aguas residuales que desde hace 8 años empezaron a construir y aún no la terminan. Desde entonces han pasado dos alcaldes y dos gobernadores y ninguno les ha resuelto ese problema y por eso decidieron cerrar la vía, la cual duró bloqueada por más de cuatro horas, hasta cuando el actual Alcalde de esa localidad y los que llevaron a cabo la protesta volvieron a llegar a otro nuevo acuerdo.

Y siguiendo con el hilo, otra de las necesidades urgentes de El Banco es un buen basurero, el cual está por otra ruta de trochas y por la que tuvimos que meternos, para evitar el bloqueo de los habitantes enojados por los olores nauseabundo de la planta de tratamiento residuales, cuando dejábamos al municipio a fin de seguir con nuestro recorrido hacia Guamal.

Está en un espacio abierto, adonde llegan los carros y descargan la basura que después alguien quema poco a poco. De esa manera es el tratamiento de la basura en ese lugar, cuyo panorama no es otro que el de un sitio asqueroso lleno de goleros o gallinazos. Pese a esos problemas sanitarios y poca atención a su más emblemático y sitio turístico u orgullo, la ciudad se muestra llena de vida y alegre, pero eso se debe a su gente, más que todo a la que todos los días sale a trabajar, para conseguir su sustento y el de su familia y pagar los impuestos y servicios públicos.

Sin su comercio, El Banco no sobresaldría de entre los demás que nos tocó recorrer. Fuera tan aburrido y triste como sus vecinos más cercanos y a los cuales llegamos después. Como por ejemplo Guamal, cuya entrada al casco urbano de inmediato te retrocede en el tiempo, a los años upas o cuando debió ser en su fundación.

 Mañana: Guamal, un solo parque que no le han invertido un peso desde que lo hicieron

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