Opinión

Las consecuencias del “periodismo chambón” que están produciendo las redes sociales

Desde taxistas hasta abogados se han “graduados” últimamente como periodistas en las redes sociales. Prácticamente ya no hace falta estudiar en una Universidad la carrera de Comunicación Social y mucho menos saber escribir o conocer los géneros periodísticos. Cualquiera ahora con un celular en mano, abre una cuenta en Facebook, Twitter y YouTube y de una sale “al aire” de la Internet a hacer lo que aprendió a lo largo de su vida: hablar y escribir así sea sin buena pronunciación ni ortografía.

El oficio, como se llamaba antes de que se crearan las facultades de comunicación social, prácticamente se ha desprestigiado por ese tipo de “periodismo chambón” e irresponsable que no mide las consecuencias que tantas veces se advierte en la academia y en las enseñanzas dejadas por los grandes periodistas que ha parido la Tierra.

Ya es hora de que en el país se frene a esa producción nefasta para una noble profesión que siempre será un privilegio y una dignidad, mas no una deshonra como la están siendo ver ahora los “periodistas” de las redes que no estudiaron comunicación social y mucho menos tienen la vocación completa que se requiere para poseer el privilegio de informarle, responsablemente, a una sociedad diversa.

Y es que para ser periodista no solamente se necesita hablar o escribir mal, también se necesita tener convicción, clarividencia, el don de la ubicuidad y por último, lo más importante, respeto por la gente. Un “periodista chambón” difícilmente logra todo eso. No obstante, la culpa de esa “producción de mala calidad” no es de las redes sociales, sino de los usuarios que la valoran, precisamente por los chambones que también resultan ser.

Por Álvaro Cotes Córdoba

 

Un comentario

  1. Interesante comentario. Además de la existencia de dicho intrusismo también encontramos aquellos que aún habiendo pasado por escuelas y/o facultades de comunicación social se venden al mejor postor, es decir, ejercen un periodismo orgánico que por regla general está al servicio de las élites, de los clanes y de la politiquería más conservadurista y corrupta existente. Bastaría con leer algunos periódicos físicos o virtuales que sirven para divulgar el rumor, la maledicencia, la calumnia, la injuria y la discriminación de las poblaciones más vulnerables. En realidad una profesión tan respetable y tan sacrificada como la es la del comunicador o periodista amerita una protección institucional del estado que le de garantía de responsabilidad social y de una legitimidad o mandato reconocido ante toda la sociedad. Mientras tanto, como lo dice el columnista, cualquiera puede hacer de mala caricatura de un verdadero periodista. Mi respeto por los periodistas críticos con responsabilidad social.
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